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A sugerencia de profesores de Literatura y Artes Escénicas, que han acudido con sus alumnos a ver el espectáculo, hemos preparado esta guía que ayuda a profundizar y familiarizarse con Molière, su obra, el barroco musical francés y el contexto social del siglo XVII. Puede ser útil para debatir en clase antes de la función y captar algunos guiños que permiten disfrutarla más.


Para disfrutar más con
MOLIÈRE LA BAILA

Jean-Baptiste Poquelin, Molière (1622-1673) es el padre de la comedia moderna. No fue solo un autor –pese a que escribió más de 30 obras y entre ellas algunos clásicos inmortales– sino un hombre de teatro al completo, de arriba abajo: actor, director, escenógrafo, productor, convirtió el teatro en el oficio de su vida. Bajó a plazas y corrales de pueblos y aldeas y subió a los fastuosos escenarios de salones y palacios: Versalles, Chambord, Louvre... Estuvo en la cárcel y fue un protegido del Rey. Hizo reír a la gente sencilla y a los cortesanos. Conoció el éxito y el fracaso. Fue censurado, prohibido, calumniado, aplaudido, envidiado y admirado. Vivió para el teatro y murió en el escenario representando una ficción que resultó no serlo: El enfermo imaginario.

Casi cuatro siglos después, el humor de Molière está muy vivo y en muchos aspectos, de evidente actualidad. Es el mérito de los clásicos: nunca pasan y el tiempo les da la razón. Este espectáculo, Molière la baila, lo muestra claramente. Presenta fragmentos de seis de sus obras y algunas músicas y danzas que incluyó en ellas. En su búsqueda del espectáculo total, de la innovación constante para atraer, distraer y divertir al público (y también para agradar a Luis XIV, el Rey Sol, que era un expertísimo bailarín) Molière inventó, con el músico Lully y el coreógrafo Beauchamp, la comedia-ballet, precedente del teatro musical de nuestros días.


SEIS OBRAS

Los fragmentos de comedias de Molière que se interpretan en Molière la baila corresponden a

1. El burgués gentilhombre (1670)
Es la mejor comedia-ballet de Molière. Monsieur Jourdain, uno de los personajes más famosos de toda la obra de Molière, es un burgués venido a más, un nuevo rico a quien, sin embargo, no le basta tener dinero: quiere adquirir la cultura, los hábitos, las maneras y las actitudes de nobles y aristócratas. Al señor Jourdain, la fortuna se le ha subido a la cabeza: olvida sus raíces, impone en casa nuevas costumbres, ya no come lo que realmente le gusta, quiere aprender música, danza, literatura, filosofía, esgrima, quiere dejar a su esposa y persigue a una marquesa, prohíbe a su hija que se case con su novio y le busca un noble, quien no duda en aprovecharse, exprimirlo y robarle... Al final, Jourdain recibirá una buena lección.

2. El amor médico (1665)
Comedia-ballet. Una obra corta y divertida en la que Molière rinde homenaje al teatro. Sganarelle es un padre autoritario que prohíbe a su hija Lucinda casarse con Clitandro, el joven sin fortuna al que ella quiere. Con la complicidad de una criada, Lucinda finge que está gravemente enferma y Clitandro se presenta disfrazado como un doctor extranjero cuyos revolucionarios métodos modernos
la curarán. "Es todo mental", dice el falso doctor. Un mal psicológico del que la enferma solo sanará si organizan un gran simulacro de boda. Pero un simulacro muy realista, teatral, cuidando todos los detalles, con el padre ejerciendo de padrino y el médico (Clitandro) de novio, y hasta un notario (en teoría un actor pero en realidad un notario auténtico). La comedia se consuma: la boda ficticia resulta bien real. La ficción triunfa. El teatro vence a la intransigencia del padre.

3. El misántropo (1666)
Comedia en verso. Alcestes es el misántropo, otro de los personajes que Molière ha dado al teatro universal. El misántropo es una obra amarga, escrita en unos momentos en los que Molière tenía serios motivos para estar irritado: su obra Tartufo ha sido prohibida por las presiones de la Iglesia, Don Juan le comporta acusaciones de libertinaje, tiene una mala relación, llena de infidelidades y disgustos con su mujer, Armande, veinte años más joven, actriz de la compañía con la que casi solo se ven en el escenario, está enfermo de hipocondría... Molière se siente mal y Alcestes, el protagonista, es un espíritu puro que critica duramente el mundo de apariencias, la hipocresía, la maldad de los hombres, las miserias del amor, la corrupción de la Corte y los poderes... Alcestes defiende la honradez y la utopía a cualquier precio. Y el precio es quedarse completamente solo, marginado, apartado. ¿Es Alcestes un neurótico, un loco, un Quijote? ¿Nos reímos de él? Haga o no reír, en cualquier caso hace pensar: hasta qué punto vivir en sociedad nos obliga a transigir sin traicionarnos, sin corrompernos, sin convertirnos en cínicos, sin perder la honradez, sin edificar un mundo basado en la mentira.

4. El casamiento forzado (1664)
Otra divertida comedia-ballet de engaños y ambiciones fuera de sitio y de medida. Sganarelle es ahora un viejo muy rico que tiene el capricho, a su provecta edad, de casarse con Dorimena, una jovencita tan bella como lista: con su novio, Licasto, está ya calculando el tiempo de vida que le queda al pobre Sganarelle para enviudar y quedarse con toda su fortuna. En las vísperas de la boda, el viejo se entera de esas intenciones y pretende romper el casamiento, pero el hermano y el padre de Dorimena se oponen y le retan: o hay boda o el hermano de Dorimena se enfrentará en duelo a muerte con el pobre Sganarelle. Hay boda, claro. Con baile incluido.

5. El avaro (1668)
Comedia en cinco actos y en prosa inspirada en la Aulularia, de Plauto. Harpagón, un terrible usurero, quiere más al cofre donde guarda su dinero que a toda su familia. Contrario al matrimonio de sus dos hijos, deshereda al chico, que le planta cara, y castiga a la hija, cuyo enamorado se ha infiltrado en la casa y trabaja como mayordomo. Y un buen día todos se vengan de la avaricia de Harpagón y le roban el cofre: Harpagón enloquece y hasta está a punto de ahorcarse, cuando una casualidad desvela que los pretendientes de sus dos hijos son en realidad (pero ni ellos lo sabían) hermanos, hijos de un hombre muy rico que los había perdido en un naufragio y ahora los recupera. Harpagón, que se huele la nueva fortuna, accede a las bodas. Entonces le devuelven el cofre (cosa que le hace mucho más feliz).

6. El enfermo imaginario (1673)
La última comedia-ballet. Y la última comedia de Molière, que murió mientras actuaba en su cuarta representación. Se trata de una sátira muy humorística de la ignorancia de la medicina, la mala fe de los médicos ventajistas y la obsesión por la enfermedad y el miedo a morir. Es una caricatura divertida llena de situaciones absurdas. Argán, el enfermo imaginario, tiene que simular que ha muerto en la cama para comprobar algo que se negaba a creer: que su esposa no solo no lo amaba sino que solo esperaba su muerte para heredar. Y que, al contrario, quien lo amaba de verdad era su hija, que tenia justificados motivos para odiarle porque él no le daba permiso para casarse. Argán, conmovido por la bondad de su hija, accede entonces a la boda, pero a condición de que su pretendiente se haga médico, porque, hipocondríaco como es quiere un médico siempre en casa. Al final le convencen de que la mejor solución es que se haga médico él mismo y la obra termina con una paródica ceremonia musical, burlesca y casi surrealista en la que Argán es investido doctor rodeado de dice el libreto de Molière: "ocho enfermeros que esgrimen grandes jeringas, seis farmacéuticos, veintidós médicos, ocho cirujanos bailarines, dos cantantes y el coro", que canta en latín macarrónico:

"Bene, bene, bene,
bene respondere:
Dignus est entrare
in nostro docto corpore"


MÚSICA Y COREOGRAFÍAS

En Molière la baila veremos 6 danzas con música de Jean-Baptiste Lully que pertenecen a comedias-ballet escritas conjuntamente con Molière.

Las Folies d'Espagne y la Sarabande pour femme siguen las  coreografías históricas de Pierre Beauchamp y Louis-Guillaume Pécour.

Las cuatro restantes han sido coreografiadas por Ludovica Mosca con los pasos, el estilo y los conceptos estructurales de la danza barroca unidos a la expresión concreta de los personajes y las escenas en que están integradas en la obra. Dos de ellas las bailan Jordi Coromina y Ludovica Mosca como personajes de las comedias-ballet: la Chaconne de El amor médico y la Bourrée de El casamiento forzado. Las otras dos son el Menuet de la ópera Alceste, de Lully, i la Gavotte, de El burgués gentilhombre.


LA COMEDIA-BALLET: El inicio del teatro musical

Molière ideó la comedia-ballet llevado por su afán de atraer al público y divertirlo, y conocedor también de que el baile, la danza, era la gran pasión del rey Luis XIV. En total Molière escribirá trece obras entre 1661 y 1670 en colaboración con Jean-Baptiste Lully, el más prestigioso músico del barroco francés, favorito del rey. La última, El enfermo imaginario (1673) será en colaboración con el músico Marc Antoine Charpentier.

Hasta entonces, la danza se limitaba a los Divertiments de la Cort. Danzas que servían solo para entretener y pasar el rato. Molière hace algo muy original: funde los dos géneros, la danza y el teatro, de manera que da contenido a la danza y da alas y ligereza al teatro. No siempre consigue una fusión excelente. A veces, las danzas las coloca en los entreactos, el prólogo y el epílogo. Pero él no deja de intentar –y al fin lo consigue– integrar la danza en la trama argumental de la comedia. Eso, en aquel momento, es una gran novedad, una innovación que deja a todo el mundo asombrado.

La primera comedia-ballet que estrena es Les Fâcheux (Los fastidiosos, 1661) y en el prólogo él mismo lo comenta con claridad:

"Quizá a algunos parecerá que unas partes del ballet no entran en la acción de la comedia de una forma tan natural como otras. Es una idea que hay que meditar bien: hemos colocado algunas danzas en los entreactos, pero la gracia está en coserlas al argumento de forma que el ballet y la comedia acaben siendo una misma cosa".

O sea que Molière está inventando un género, está innovando, está cavilando –hombre, al fin, de teatro– cómo hacer cosas nuevas, que mejoren la producción, que agraden, que funcionen.

Los mejores momentos de la comedia-ballet los alcanza con El burgués gentilhombre (1670) y El enfermo imaginario (1673), obras que concibe, desde el mismo momento de la escritura, con músicas y bailes que forman parte de la acción, que la hacen avanzar y la explican. Por lo tanto, prescindir, como suele hacerse en nuestros días, de estos elementos sustanciales en la obra de Molière es en cierto modo traicionarla o al menos empobrecerla. La música tiene un papel, la danza cuenta, si no en la trama sí en la atmósfera, en el clima, en el ritmo, en el acompañamiento y preparación del desenlace.

Y es que el ballet, como muy bien explica el Profesor de Danza al pobre Señor Jourdain, el burgués que quiere ser gentilhombre, la danza es una disciplina importante hasta tal punto de que...:

PROFESOR DE DANZA
Todas las desgracias de los hombres, todas las trabas funestas que complican la historia, los desaciertos de los políticos, los disparates de los grandes capitanes, todo eso solo viene de no saber bailar.

SEÑOR JOURDAIN
¿Ah, si? ¡Qué me dice!

PROFESOR DE DANZA
Cuando un hombre ha cometido un quebranto en su conducta, ya sea en cuestiones de familia o en el gobierno de un Estado o como comandante de un ejército, ¿acaso no decimos siempre: este hombre ha dado un mal paso en este asunto?

SEÑOR JOURDAIN
Sí, eso decimos.

PROFESOR DE DANZA 
Y dar un mal paso, ¿puede venir de otra cosa que no sea no saber bailar?

SEÑOR JOURDAIN
¡No, claro! ¡Es cierto, tenéis razón!

 


LUIS XIV

Luis XIV, el primer monarca absoluto y el más importante que ha tenido Francia (reinó durante 73 años), fue un rey muy culto, conocedor e interesado en el arte. Bajo la influencia del cardenal Mazarino, que fue primero su tutor y después su primer ministro, siguió el ejemplo de los papas de Roma y puso las artes a su servicio para reforzar su prestigio y su imagen.

"Un rey de Francia –dijo el rey– tiene que ver en estos entretenimientos algo más que simples diversiones. El pueblo agradece mucho un espectáculo que no tiene otra finalidad que la de hacérselo pasar bien. Conquistamos así más su espíritu y su corazón que con recompensas y beneficios. Y a los extranjeros, todo lo que invertimos en estos gastos, que pueden parecer superfluos, les produce una impresión de magnificencia, de poder, de riqueza y de grandeza que nos es muy favorable".

El caso es que el rey sabía bailar muy bien. Lo hizo desde niño, de una forma algo obsesiva (durante años ensayaba dos horas al día) y actuó en 21 de los Ballets de la Cort que consistían en grandes representaciones a su mayor honra, gloria y adulación. El más famoso fue el Ballet de la Nuit, en el que Luis XIV aparecía caracterizado de Apolo, Rey del Sol de los griegos. De ahí le quedó el sobrenombre de Rey Sol.

La Academia Real de Danza y la de Música, creadas por él, fueron dos aportaciones de la mayor importancia para la evolución del ballet. Allí se pusieron los cimientos del ballet clásico, que aún hoy perduran. Lully dirigió la academia de música y Beauchamp, principal coreógrafo de Francia, la de danza.

Las comedias-ballet ideadas por Molière complacieron mucho al rey. Porque con ellas rompía con la grandilocuencia, la reiteración y el aburrimiento de los Ballets de la Cort, centrados exclusivamente en la mitología griega. Molière introdujo las escenas de la vida cotidiana, el humor, la crítica social. Fue algo muy sorprendente y novedoso. Y además, Molière, que al principio solo se atrevía a colocar danzas en los entreactos, pronto las incorporó como parte de la trama y la acción, integradas en la lógica de la comedia.

El rey, que ya empezaba a retirarse como bailarín, entendió esta evolución y apadrinó y protegió a Molière. La relación tuvo altibajos. Porque Molière no fue un autor servil ni sumiso ni conformista ni prudente sino, al contrario, un hombre libre y más bien incómodo que buscaba el éxito de su teatro por encima de todo. Tuvo, como consecuencia de ello, muchos enemigos, el más importante de los cuales fue la Iglesia, que logró la prohibición de Tartufo, la obra de Molière contra la hipocresía de los clérigos y los beatos, y de Don Juan, considerado un libertino amoral.

Molière fue acusado de ateo, de anticlerical, de sacrílego, de inmoral, de incestuoso (se casó con Armande, veinte años más joven e hija de su primera amante). El rey no pudo, o no supo, o no quiso impedir la presión eclesial. Pero en cambio aceptó ser el padrino del primer hijo de Molière, nacido en plena campaña de calumnias contra él, y el mismo año de la prohibición de Tartufo (1665) tuvo un gran gesto hacia Molière: le concedió su patrocinio y protección de la compañía, que pasó a llamarse la Troupe du Roi, y le concedió una pensión (que, sin embargo, no cobraba regular ni puntualmente).

Tampoco estuvo contento Molière cuando el rey otorgó a Lully el privilegio de hacer todas las músicas del teatro. Pero Molière, persistente y tenaz, recurrió a un músico joven, Marc Antoine Charpentier para hacer la última comedia-ballet, El enfermo imaginario. Todo esto le molestó mucho, porque se sentía olvidado y menospreciado. El rey, (de quien se dice que un día respondió a Lully, que le pedía un favor, 'yo no tengo amigos') al final admitió la petición de la mujer de Molière, Armande, y dio permiso para que fuera enterrado en el cementerio, 'privilegio' que los actores tenían prohibido por ser considerados inmorales. Le enterraron, eso sí, de noche y en el lugar donde iban los niños no bautizados: o sea el limbo.


LA DANZA BARROCA: Los fundamentos del ballet

La danza del barroco francés es la base del ballet. Allí y en aquellos momentos nacieron pasos, movimientos, frases, gestos y técnicas que han llegado hasta nuestros días. El Rey Sol, Luis XIV, era un bailarín muy experimentado y creó en 1661 –antes incluso que la Academia de las Letras (1663) y la de Ciencias (1666)–, la Académie Royale de Dans, la primera escuela de ballet del mundo. La dirigió Pierre Beauchamp, que es quien, por ejemplo, definió e instituyó las 5 posiciones clásicas de los pies del ballet. En 1669 el rey creó la Académie Royale de Musique, que dirigió JB Lully y que a partir de 1672 se fundió con la de Danza. La compañía titular de la Academia aún sobrevive: es el Ballet de la Ópera de París, la compañía en activo más antigua de mundo.

La Belle Danse o danza barroca como lo llamamos ahora, fue la predecesora del Ballet. Tanto es así que la nomenclatura de los pasos es casi la misma.

La danza barroca tiene una grafía específica que nos permite bailar las danzas del S.XVII y primera mitad del siglo XVIII como se bailaban entonces. Esta grafía se llama Escritura Beauchamp-Feuillet, y fue ideada por el coreógrafo Pierre Beauchamp, maestro de danza de Louis XIV y director de la Académie Royale de Danse y transcrita y publicada por otro maestro y coreógrafo, Raoul-Auger Feuillet, en su libro Choreographie huevo del Arte de décrire la danse (1700).


MOLIÈRE, UN GRAN ACTOR CÓMICO

Molière fue un gran actor cómico. Sus personajes los hacía exagerados, caricaturescos a menudo hasta el absurdo y muy vivos, vitales, físicos. Le encantaba hacer de Sganarelle: ya al escribir el texto pensaba en cómo interpretarlo, imaginaba la situación, buscaba el efecto cómico, que provocara la risa. Le gustaba tanto Sganarelle, que lo hizo aparecer en seis de sus obras, en cada una de ellas como un personaje distinto, pero con el mismo nombre.

Su escuela fue la de los actores italianos con los que compartió el teatro Petit Bourbon y el del Palais Royal y sobre todo el más famoso de todos ellos, Tiberio Fiorilli, creador de uno de los personajes más divertidos de la Comedia del Arte, Scaramouche, de quien fue muy amigo. Fiorilli era toda una institución (era 15 años mayor que Molière pero murió 20 años después: hasta los 83 estuvo haciendo teatro) y le enseñó las técnicas del mimo, la voz y los trucos del oficio.

"Molière era un comediante de los pies a la cabeza; parecía tener diferentes voces; en él, todo hablaba, y con un paso, una sonrisa, un guiño o un movimiento de cabeza decía más cosas que las que hubiera dicho en una hora un gran orador", escribió Jean Donneau de Visé, periodista y dramaturgo, en la necrológica de Molière.

Otro contemporáneo, el crítico conocido por el seudónimo La Neufvillenaine, hablando de El cornudo imaginario: "No se ha visto nada tan divertido como las posturas de Sganarelle cuando está detrás de su mujer: la cara y los gestos expresan los celos con tanta claridad que no haría falta ni que hablara para parecer el más celoso de todos los hombres. No he visto a nadie que sepa descomponer como él la cara y en esta sola escena cambia de cara más de veinte veces ".

Pero además de la amistad y la maestría de Scaramouche, Molière tenía un talento, unas condiciones y una vocación sin los cuales pocas enseñanzas habrían fructificado. Y tenía, sobre todo, la experiencia, los trece años de pisar todo tipo de escenarios en todo el país, de actuar ante todos los públicos y a menudo sin escenario, desde la carreta, en la plaza, en descampados. Esto le dio el oficio, las herramientas, los recursos para hacer el teatro popular, para hacerse entender ante públicos que no quieren ni oír hablar del arte sublime de la tragedia porque no comprenden ni tienen ninguna necesidad de hacerlo, estas declamaciones impostadas, las cantinelas antinaturales y demás refinamientos del espíritu del gran teatro de la Corte y de París, del teatro culto. La gente, en cambio, sí tiene necesidad y ganas de reír. Y que le hablen de manera inteligible de cosas comprensibles, de las cosas de la vida de cada día. Molière aprende en las giras por el país que el teatro, para que sea vivo, debe mostrar la vida. Y para que tenga éxito debe mostrarla riéndose. Haciendo reír. No las empresas colosales de los héroes de un pasado incierto, borroso y muy hipotético, sino las tribulaciones más modestas, pero sin duda auténticas, de la gente de hoy.

Y en esto da en el clavo: porque cuando en 1658 actúa por primera vez ante el rey Luis XIV lo hace (es lo que toca para quedar bien) con una tragedia de Corneille, Nicomedes, y la función va tan mal, que a final él mismo se atreve a pedir permiso al rey para presentar "uno de estos divertimentos que he hecho en provincias". Luis XIV accede y le montan El doctor enamorado. El rey se lo pasa tan bien, que decide adoptar y patrocinar la compañía.


MOLIÈRE AUTOR: Comedia frente a tragedia

Molière reivindica con su obra la comedia, el humor, en contra de la seriedad y la rigidez de la tragedia, el género del teatro culto por excelencia. En su tiempo, reír en los teatros era de muy mal gusto. En el teatro se representaban las grandes tragedias de los héroes de la antigüedad. No se iba a reír: esto quedaba por las ferias y para las funciones de la calle de la Comedia del Arte y por teatros de barrio o de taberna.

Molière tiene el mérito de haber cambiado este estado de cosas, de llevar la comedia a los grandes teatros y de convertir el género no sólo en respetable sino en un éxito, aplaudido y deseado por todos los públicos. En una de sus obras, Crítica de la escuela de las mujeres –que escribió para contraatacar a los que le habían criticado la obra anterior, La escuela de las mujeres, justamente porque hablaba con ironía y humor de temas comunes de la actualidad–, Molière hace decir al personaje Dorante:

"Me parece que es mucho más fácil apoyarse en los grandes sentimientos, hacer frente a la Fortuna, acusar a los Destinos y proferir injurias a los Dioses, que penetrar como es debido en la parte ridícula de los hombres y llevar de una manera agradable a los escenarios los defectos de todos. Cuando se dibuja a un héroe, se puede hacer como se quiera: son retratos hechos a medida, donde no hay que buscar ningún tipo de semejanza. Pero cuando se dibuja a los hombres, hay que hacerlo al natural. La gente quiere que estos retratos se parezcan a los modelos; y si no se consigue que la gente de nuestra siglo se reconozca en ellos, de nada servirá. En una palabra: en las obras serias, para no ser criticado basta con decir cosas de buen gusto y bien escritas, pero eso no basta en las demás: hay que hacer reír, divertir, y a fe que es una empresa bien extraña, ésta de hacer reír a la buena gente ".


LOS TEXTOS

Como autor, Molière no se preocupaba mucho de los textos. No los sacralizaba. Él era un hombre de teatro, un actor y un jefe de compañía con visión de todo el conjunto. El texto era una pieza más de ese todo y debía estar al servicio de la representación. Es decir, así como la tragedia está escrita tanto para ser representada como para ser leída (o casi más lo segundo que lo primero), la comedia tiene sentido cuando es representada.

En el prólogo de El amor médico lo dice claramente:

"Sé muy bien que las comedias no están hechas más que para ser representadas, y aconsejo que sólo las lean las personas que tienen ojos para descubrir en la lectura todo el juego del teatro".

Y como la obra de la que habla la había escrito para ser representada en Versalles ante el rey, añade:

"Sería deseable que estas obras pudieran verse siempre con los ornamentos que las acompañan en casa del rey. Las veríais en un estado mucho más amable. Y las canciones y las sinfonías del incomparable señor Lully, unidas a la belleza de las voces y la gracia de los bailarines, les dan, sin duda, una gracia que cuesta mucho olvidar ".

Son las palabras de un hombre de teatro. Que piensa, ante todo, en el resultado escénico.

Sus obras
Le medecin volant1645El médico ambulante
L'étourdi1655El atolondrado
Le dépit amoureux1656El despecho amoroso
Le Docteur amoureux1665El doctor enamorado
Les précieuses ridicules1659Las preciosas ridículas
Le cocu imaginaire1660El cornudo imaginario
Dom Garcia de Navarre1661Don García de Navarra
L'école des maris1661La escuela de los maridos
Les fâcheux1661Los fastidiosos
L'école des fêmmes1662La escuela de las mujeres
Critique de L'école des fêmmes1663Crítica de La escuela de las mujeres
L'impromptu de Versailles1663El impromptu de Versalles
Le mariage forcé1664El casamiento forzado
La princese d'Élide1664La princesa de Élide
Le tartuffe1664Tartufo o el impostor
Dom Juan1665Don Juan
L'amour médecin1665El amor médico
Le misanthrope1666El misántropo
Le medecin malgré lui1666El médico a palos
Mélicerte1666Melicerta
Pastorale comique1667Pastoral cómica
Le sicilien ou l'amour peintre1667El siciliano o el amor pintor
Amphitryon1668Anfitrión
George Dandin1668Georges Dandin
L'avare1668El avaro
Mr de Pourceaugnac1669El señor de Pourceaugnac
Les amants magnifiques1670os amantes magníficos
Le bourgeois gentilhome1670El burgués gentilhombre
Psyché1671Psiqué
Les fourberies d'Scarpin1671Los enredos de Scarpin
La comtesse d'Escarbagnas1671La condesa de Escarbañás
Les fêmmes savantes1672Las mujeres sabias
Le malade imaginaire1673El enfermo imaginario

RESUMEN BIOGRÁFICO

Jean-Baptiste Poquelin, Molière, nace en París en 1622 y muere en 1673, a los 51 años.

Su padre es tapicero real, de modo que Molière nace en una familia acomodada. Estudia Derecho y al morir su padre es él quien hereda el negocio de la tapicería, pero el joven Jean-Baptiste tiene otra pasión: el teatro. Y además se ha enamorado de una actriz, Madeleine Béjart, y de la vida fascinante de los comediantes: renuncia, pues, a la carrera de abogado y al negocio de los tapices, que cede a un hermano, y se va con los actores.

En 1643 se junta con la troupe de Madeleine Béjart y crean la compañía del Illustre Théâtre. Tiene 21 años, o sea que toda la vida de adulto, los 30 años que le quedan, la pasará haciendo teatro, viviendo en el escenario. E incluso muriendo en él.

15 años corriendo por los pueblos...
Los primeros 15 años (su juventud: de los 21 a los 36) el grupo hace bolos, lo pasan mal, viven la bohemia, él incluso va a prisión (1645) dos veces por deudas impagadas... La vida en París es difícil para una compañía joven y por ello se buscan la vida por el país durante unos 13 años. No hay muchos datos ciertos, pero algunos registros municipales y de iglesias dan fe de que pasaron por Burdeos (1647), Nantes (1648), Limoges, Toulon, Angulema, Toulouse (1649), Narbona (1650). Desde finales de 1652 hasta 1655 están intermitentemente en Lyon, donde vuelven el 1657. Pasan por Montpellier en 1654, por Béziers y Pézenas (1655), Dijon (1657) y Lyon.

Todos estos años fueron de crucial importancia para la carrera de Molière porque le dieron un riguroso y valiosísimo aprendizaje como actor y empresario y le enseñaron cómo tratar con los autores, los colegas, el público, las autoridades... Su rápido éxito y la resistencia contra los opositores cuando finalmente volvió a París no se explicarían sin estos años de entrenamiento.

...y 15 años por los palacios
A partir de 1658, tiene los primeros éxitos en París. La vida le va mejor, pero no es fácil: el camino del éxito se le abre el 24 de octubre de 1658, cuando en un improvisado escenario en la sala de guardia del palacio de Louvre la compañía presenta la tragedia Nicomedes de Corneille ante el rey Luis XIV.

La función es un auténtico fracaso, pero es entonces cuando aparece el gran hombre de teatro, el luchador, obstinado, convencido de su talento para remontar la situación y revertir el desastre: Molière se atreve a proponer al rey que se quede un rato más para ver "uno de los pequeños entretenimientos que me ha dado cierta reputación entre el público de provincias". Era El doctor enamorado.

Esta farsa les encanta. Los divierte, los hace reír y hace comprender al rey que la comedia tiene un lugar también en los escenarios del teatro 'serio' y no sólo en las plazas de pueblos y villas. Así, concede a Molière el favor y patrocinio del hermano del rey, Monsieur Felip d'Orleans, y la compañía recibe el nombre de la Troupe de Monsieur. Parece que este patrocinio y el que le dará el propio rey cuando años después (1665) les otorgue el nombre de Compañía del Rey, eran más honoríficos que económicos: les da prestigio y abre las puertas a representar en salones y grandes casas, pero los subsidios son bajos ya menudo impagados.

Molière tenía cierta fama y éxito con el teatro popular que había hecho por todo el país. Ahora, con el favor del Rey Sol, Molière puede apuntarse el éxito en los palacios de la nobleza y la Corte. Sabe cómo hacerlo: dado que la danza es la gran pasión del rey y los cortesanos, Molière cree que enriqueciendo las obras con música y danza las hará más atractivas, tanto para estos como para su público más popular, porque las músicas y las danzas también gustan mucho al pueblo y hacen más amenas y divertidas las representaciones. Es así como inventa un nuevo género teatral: la comedia-ballet. Escribió trece con la colaboración de Jean Baptiste Lully, el músico preferido del Rey, y el coreógrafo Beauchamp, director de la Academia Real de Danza. El éxito le sonríe. El Rey le encarga la producción de las grandes fiestas teatrales de Versalles, los Divertimentos del Rey y los Placeres de la Isla Encantada en Versalles, grandes montajes donde Molière puede utilizar maquinaria teatral, escenografías brillantes y sobresale como director.

Libre y luchador
A pesar del favor y la protección reales, Molière no hizo concesiones serias ni aceptó presiones que le hicieran cambiar las ideas teatrales que concebía: vio duramente censuradas y prohibidas dos obras, Tartufo y Don Juan, fue acusado de libertino, inmoral, ateo, anticlerical y hasta de incestuoso, la iglesia lo condenó públicamente y el rey no lo impidió. Pero tampoco lo abandonó por completo. En plena polémica y ataques por la prohibición de Tartufo, Luis XIV le otorgó una pensión y aceptó hacer de padrino de su primer hijo. Fue un gesto. Después, sin embargo, el rey concedió a Lully la exclusividad para representar obras de teatro con música, por lo que Molière perdía la posibilidad de continuar haciendo comedias-ballet que tan bien le funcionaban.

Todos estos disgustos, su precario estado de salud (tenía hipocondría y al final tuberculosis) y la mala relación con su mujer Armande (tuvieron tres hijos pero vivían separados y prácticamente sólo se veían en el teatro a la hora de actuar) le llevaron a escribir algunas obras ciertamente amargas, como El Misántropo o El avaro.

Molière era un hombre muy libre y sobre todo un hombre de teatro. Para él el teatro y la vida a su alrededor, la de los actores, la compañía, era lo más importante. Las críticas le dolían, pero no le frenaban. A algunas respondía escribiendo nuevas obras en que se reía de sus críticos. A otros les hacía frente con nuevos retos: cuando le prohibieron Tartufo, respondió con Don Juan, que tampoco pasó la censura. Pero él siguió insistiendo y trató de estrenar el año siguiente Tartufo con otro título, El impostor. Tampoco pasó, pero Molière no se rindió. Al final, cinco años después Tartufo se pudo estrenar. Cuando el rey dio la exclusiva del teatro musical en Lully, él, indignado, no se echó atrás y encontró un músico joven, Marco Antonio Charpentier que le escribió la música de El enfermo imaginario. La persistencia hizo que la obra se estrenara, por más que Lully protestara, en el Palacio Real, en febrero de 1673.

"Lo hace muy bien"
En la obra, una sátira humorística de la medicina, Molière hacía el papel de Argán un hipocondríaco, es decir, un enfermo imaginario. Pero él estaba enfermo de verdad. Sin embargo, se negó a suspender el estreno. El día de la cuarta representación tuvo un ataque en plena escena. Tosía y sangraba y estaba muy débil. Bajaron el telón y los compañeros lo llevaron a casa. Dos curas, pedidos por la familia se negaron a asistirle. Un tercero, que había aceptado ir a la casa, llegó tarde. Molière murió sin renegar de su condición de actor, requisito que era indispensable para poder ser enterrado en un cementerio católico (la iglesia consideraba la profesión de actor una inmoralidad y no quería actores, ni vivos ni muertos). Armande, su mujer, pidió al rey que intercediera ante el arzobispo de París. Luis XIV lo hizo y finalmente Molière fue enterrado en el cementerio. Pero de noche, sin ceremonias y en el lugar donde los niños no bautizados.

Casi 150 años después, en 1817, los restos las trasladaron al cementerio Père Lachaise, el más famoso de París, donde se encuentran las tumbas de grandes personalidades de la sociedad francesa. Uno de los epitafios que según se dice escribió él mismo (pero esto no está comprobado) dice: "Aquí yace Molière, el rey de los actores. En estos momentos hace de muerto, y de verdad que lo hace muy bien". (Si non é vero ...)

Siete años después, en 1680, Luis XIV ordenó la fusión de la compañía de Molière y las otras dos que había en París y este fue el origen de la Comédie Française, también conocida como la Maison de Molière, el teatro público de mayor prestigio y el más antiguo que todavía hoy pone en escena, entre otras, las obras inmortales de Jean-Baptiste Poquelin, llamado Molière, el rey de la comedia.